El Viceministro de Defensa de Colombia, Gustavo Niño, lo dijo esta mañana sin rodeos: la terrorista conocida como alias Silvana Guerrero, una de las principales cabecillas del Ejército de Liberación Nacional (ELN), “está en la mira, la tenemos arrinconada, pronto la tendremos”. La declaración, difundida en redes sociales, resonó en miles de colombianos que llevan años escuchando el nombre de esta mujer ligado a atentados y crimen organizado, pero que pocas veces han visto explicado quién es y qué implica realmente capturarla.
Detrás de ese anuncio hay algo más grande: un reordenamiento geopolítico sin precedentes en el que Colombia, Estados Unidos y —de manera cada vez más posible— Venezuela podrían actuar juntos para cerrar el cerco sobre el ELN en territorio venezolano.
¿Quién es Silvana Guerrero?
Su nombre real es Luz Amanda Pallares Pallares. Es una de las figuras más prominentes del Ejército de Liberación Nacional y lidera el Frente de Guerra Urbano de esa organización. Desde esa posición, dirige operaciones que van desde el reclutamiento en ciudades hasta ataques con explosivos.
Su nombre apareció recientemente en el radar de la justicia por el carro bomba que estalló en Cúcuta el 1 de septiembre de 2026: según las investigaciones, el articulador del atentado, alias el Rolo, recibía órdenes directas de Silvana Guerrero.
El mayor general Erick Rodríguez, comandante general de las Fuerzas Militares de Colombia, confirmó en una entrevista reciente con la Revista Semana que Silvana Guerrero —junto con otros líderes del ELN como Pablito, Iván Márquez y Antonio García— no solo opera en la zona fronteriza con Colombia, sino que ha expandido su influencia hacia el oriente venezolano, llegando incluso a la frontera con Guyana.
El ELN en Venezuela: los números de una expansión silenciosa
La presencia de grupos armados colombianos en Venezuela no es nueva, pero su alcance actual supera lo que muchos imaginan. Un reciente informe de SOSOrinoco documentó la presencia de al menos 26 Grupos Armados Organizados (GAO) en 20 de los 21 municipios de la región amazónica y guayanesa de Venezuela.
El informe se basa en 360 registros verificados de presencia y actividad armada. Las cifras por estado son reveladoras:
- Bolívar: 204 registros — el más afectado. El municipio de Sifontes concentra 54 de ellos.
- Amazonas: 93 registros
- Delta Amacuro: 21 registros
Lo más preocupante, según el informe, es que estas estructuras no operan como delincuencia común: han construido sistemas de gobernanza criminal híbrida que administran justicia, regulan la economía local, cobran tributos informales y reemplazan al Estado en zonas donde el gobierno venezolano tiene poca o ninguna presencia.
Es en ese ecosistema donde se mueve Silvana Guerrero. Y capturarla desde Colombia, sin cooperación venezolana, es casi imposible.
El Escudo de las Américas y el triángulo inédito Colombia-EE.UU.-Venezuela
Aquí entra en juego el elemento más nuevo y, potencialmente, más decisivo. Colombia se incorporó recientemente al Escudo de las Américas, un mecanismo regional de seguridad impulsado por el presidente Donald Trump en marzo de 2026 en Miami, orientado a combatir el crimen transnacional y el terrorismo en el hemisferio.
Esa incorporación, sumada al creciente tutelaje que ejerce Estados Unidos sobre Venezuela en el nuevo contexto diplomático, abre por primera vez la posibilidad de un esfuerzo trilateral para neutralizar a los grupos armados colombianos que se refugian al otro lado de la frontera.
“Estados Unidos necesita de manera prioritaria un país en el cual sus intereses estén seguros. La presencia de grupos irregulares colombianos en Venezuela, donde controlan minas y recursos naturales, va en contravía de las inversiones que la administración Trump debe salvaguardar”, explicó a El Tiempo Germán Castañeda, exdiplomático colombiano con 25 años de experiencia en las relaciones entre ambos países.
El ministro de Defensa, Jorge Mora, fue más directo: Colombia necesita “ejercer una presión a Venezuela para que ejerzan el debido control y ataquen los campamentos que se encuentran en territorio venezolano”.
Y Castañeda añadió: “pese a la desconfianza del nuevo gobierno colombiano en las autoridades venezolanas, se debe trazar una hoja de ruta en materia de cooperación militar con el acompañamiento de Estados Unidos”.
¿Qué puede pasar ahora?
La declaración del Viceministro Niño de que tienen a Silvana Guerrero “arrinconada” es la señal más concreta de que el gobierno De la Espriella está dispuesto a convertir este objetivo en un hecho. Pero las implicaciones van más allá de una sola captura.
Si Colombia logra articular una cooperación efectiva con Venezuela —mediada por Washington— para golpear las estructuras del ELN en suelo venezolano, sería un cambio histórico en la dinámica del conflicto. Por décadas, la frontera venezolana funcionó como un santuario. Con el Escudo de las Américas, ese santuario podría empezar a cerrarse.
El desafío sigue siendo enorme: la desconfianza histórica entre Bogotá y Caracas, la debilidad institucional venezolana en las zonas rurales y la complejidad de las operaciones conjuntas en la selva amazónica hacen de este un escenario difícil. Pero, por primera vez en mucho tiempo, los astros geopolíticos parecen alinearse para intentarlo.
Silvana Guerrero lo sabe. Y también lo saben quienes la están buscando.