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Trump y La Izquierda Latinoamericana

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A inicios de 2026, la diplomacia hemisférica ha entrado en una fase de tensión inédita desde la Guerra Fría: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha ampliado su agenda con líderes de izquierda de América Latina Luiz Inácio Lula da Silva y Gustavo Petro mientras lidia con el régimen interino de Delcy Rodríguez en Venezuela en medio de una crisis que sacude la estabilidad regional y sitúa la soberanía nacional en el centro del debate global.

Gran parte de este nuevo orden se originó con la operación militar ordenada por Trump en Venezuela el 3 de enero de 2026 que culminó en la captura del presidente Nicolás Maduro, un hecho que redefinió la política exterior estadounidense en el hemisferio y generó reacciones divididas. Mientras aliados regionales celebraron la acción, gobiernos de izquierda la calificaron de violación de la soberanía y precedente peligroso para la región.

En ese contexto, Trump inició y continúa una serie de contactos estratégicos con Lula y Petro, en un esfuerzo por construir puentes con sus gobiernos con ideologías históricamente distantes de la Casa Blanca. El 7 de enero de 2026, Trump y Petro sostuvieron una conversación telefónica en la que abordaron tanto la crisis venezolana como la cooperación en seguridad y narcotráfico, tras días de tensiones verbales que incluyeron duras declaraciones del presidente estadounidense sobre la lucha contra las drogas y la soberanía colombiana.

Simultáneamente, Lula da Silva y Petro coordinaron una llamada conjunta para discutir la situación en Venezuela, enfatizando la necesidad de soluciones pacíficas y negociadas en vez de intervenciones externas. Ambos líderes expresaron inquietudes compartidas sobre la operación estadounidense y la estabilidad regional, resaltando su compromiso con el diálogo y la cooperación multilateral.

Por su parte, Delcy Rodríguez, ahora presidenta interina de Venezuela tras la captura de Maduro, ha rechazado categóricamente cualquier control externo, insistiendo en la soberanía de su país y manteniendo contactos con otros gobiernos para denunciar lo que considera una agresión injustificada.

El resultado es una diplomacia tensa y contradictoria: Trump, impulsado por intereses estratégicos y electorales, busca recalibrar relaciones con gobiernos de izquierda sin renunciar a políticas coercitivas; Lula y Petro intentan evitar la polarización extrema con Washington mientras defienden principios de autodeterminación; y Rodríguez rechaza cualquier injerencia, pese a estar parcialmente aislada. El hemisferio se enfrenta a un nuevo equilibrio de poder donde el pragmatismo político, más que la ideología pura, está determinando alianzas y tensiones.

 

 



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