Joachim Trier arranca su sexta película con un montaje rápido y pizpireto de imágenes de una casa de paredes rojas. Una cálida voz en off transmite una redacción escolar de la pequeña Nora sobre ese hogar familiar, espacio de tristezas, alegrías y tragedias como el suicidio de su abuela. Cuando vemos a Nora ya adulta, y con la silueta de la magnética Renate Reinsve en una suerte de prolongación de su personaje de La peor persona del mundo (2021), se ha convertido en una celebrada actriz de teatro incapaz de abandonar las inseguridades sembradas durante una infancia marcada por el abandono de su padre.
Él es un respetado director de cine, Gustav Berg, en quien Stellan Skarsgård se disuelve con mesura en cada gesto. Su gran idea para sacar adelante un último proyecto de rodaje en esa casa roja es ofrecer el papel protagonista a su hija Nora, incapaz de trabajar con este padre ausente, narcisista y cerrado sobre sí mismo. Este planteamiento habría podido dar pie a un tipo extravagante del que explotar la incapacidad emocional o los hirientes desplantes que puntean la relación con sus hijas, pero ni el guion de Trier y su colaborador habitual, Eskil Vogt, ni la soberbia interpretación de Skarsgård van por ahí.
Componen un ogro tridimensional, lleno de matices y humanidad en su cerrazón, afianzando un poso de realidad infranqueable en todas sus interacciones. La sátira de la industria cinematográfica –muy presente cuando aparece una famosa actriz de Hollywood (Elle Fanning, con una sinceridad que también desactiva la caricatura)–, las neurosis actorales, la memoria familiar, incluso la tortura de activistas durante el Holocausto son cuestiones con lugar privilegiado en un guion generoso y elocuente en sus temáticas.
Sin embargo, el iceberg emocional del que Trier mide al milímetro cuánto muestra y cuánto deja intuir tiene la forma de Agnes, la hermana pequeña de Nora, interpretada por una refulgente Inga Ibsdotter Lilleaas lista para saltar desde las comedias escandinavas a la primera línea del cine europeo. La hermana discreta, en segundo plano, que no se dedica al mundo del arte sino a la academia y lleva una vida hipernormativa como esposa y madre.
El ancla invisible para que las dos personalidades meteóricas y tormentosas, las de su padre y hermana, rocen algo parecido a la armonía. Valor sentimental dispone con calma las piezas hacia un clímax entre las dos hermanas donde Reinsve y Lilleaas se miran con ojos infinitos y ahondan en los dramas bergmanianos que las moldearon como las mujeres que son hoy.
Muchas películas recientes han mostrado la industria del cine como receptáculo de personas quebradas por dentro e insoportables por fuera, del Viaje a Sils Maria (2014) o El reflejo de Sibyl (2019) hasta Secretos de un escándalo (2023), pero ninguna se había preocupado tanto como Valor sentimental por recordar tan meticulosamente que esas madejas de defectos las devanan seres humanos; y, por lo tanto, merecen nuestra empatía. En palabras de Gustav Berg a su hija: “Sin compasión es muy difícil amar”.
Título
‘Valor sentimental’
- Director
Joachim Trier
- Género
Drama
- País
Noruega
- Sinopsis
Las hermanas Nora y Agnes se reencuentran con su distanciado padre, el carismático Gustav, un antiguo director de renombre que le ofrece a su hija Nora, actriz de teatro, un papel en su próxima película. Nora lo rechaza y pronto descubre que le ha dado su papel a una joven y entusiasta estrella de Hollywood. De repente, las dos hermanas deben sortear su complicada relación con su padre y lidiar con una estrella estadounidense que se encuentra en medio de su compleja dinámica familiar.
- Guión
Joachim Trier, Eskil Vogt
- Duración
135 min
- Distribuidora
Elastica Films
- Estreno
5 de diciembre
Reparto:
Renate Reinsve, Elle Fanning, Stellan Skarsgård

