Economia
arriendos, comidas fuera del hogar y educación golpearon más el bolsillo, confirmó el Dane

La inflación en Colombia cerró 2025 en 5,10 por ciento, levemente por debajo del registro de 2024, cuando se situó en 5,2 por ciento, según lo dio a conocer Piedad Urdinola, directora del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane). Solo en diciembre la variación en el costo de visa de los colombianos fue de 0,27 por ciento, por debajo del 0,46 por ciento de lo observado un año atrás.
El dato del año completo confirmó que, pese a la desaceleración observada en algunos meses de 2025, el costo de vida terminó nuevamente lejos de la meta puntual del 3 por ciento del Banco de la República y por fuera del rango de tolerancia del Emisor, de entre 2 y 4 por ciento, completando cinco meses en serie sin que se cumpla la meta.
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El resultado también evidenció que el proceso de desinflación perdió tracción en la segunda mitad del año. Tras haber tocado su nivel más bajo en julio, cuando la inflación se ubicó en 4,82 por ciento, los precios retomaron una senda alcista durante tres meses consecutivos, antes de moderarse levemente en noviembre y cerrar diciembre a la baja, pero en niveles todavía elevados para los hogares colombianos.
Según lo explicado por la funcionaria, el comportamiento anual del IPC estuvo impulsado, principalmente, por alojamiento, alimentos y servicios, rubros de alto peso en la canasta familiar. En particular, las mayores contribuciones provinieron de arriendos y de las comidas fuera del hogar, dos gastos difíciles de ajustar para los hogares.
Entre las subclases con mayor impacto se destacaron el arriendo imputado y efectivo y las comidas en establecimientos de servicio a la mesa y autoservicio, que en conjunto explicaron una porción significativa del aumento anual de los precios. Estos rubros reflejan presiones estructurales asociadas a indexaciones, costos laborales y ajustes en servicios.
Las mayores contribuciones al IPC provinieron de arriendos y de las comidas fuera del hogar. Foto:iStock
Por divisiones de gasto, Restaurantes y hoteles registró una inflación anual de 7,91 por ciento, la más alta entre los grandes grupos. Le siguió Educación, con 7,36 por ciento, impulsada por alzas en matrículas de educación básica, secundaria y preescolar. También sobresalieron Salud (7,20 por ciento) y Bebidas alcohólicas y tabaco (6,37 por ciento).
En contraste, los menores incrementos se observaron en Información y comunicación (1,22 por ciento), Prendas de vestir y calzado (2,12 por ciento) y Recreación y cultura (1,85 por ciento), rubros que ayudaron a moderar parcialmente el resultado final del índice, pero sin compensar las presiones provenientes de vivienda y servicios.
La estructura del IPC dejó en evidencia que la inflación de 2025 fue, en buena medida, una inflación de servicios. Este grupo, que representa más de la mitad de la canasta, cerró el año con una variación anual de 6,42 por ciento, muy por encima del promedio general.
Piedad Urdinola, directora del Dane, en la presentación del dato de inflación de 2025. Foto:Dane
En contraste, los bienes no durables –como alimentos– subieron 4,10 por ciento, mientras que los bienes durables apenas registraron una variación de 0,47 por ciento. Esta diferencia confirma que el problema inflacionario estuvo menos asociado a choques transitorios y más a rigideces de costos y ajustes persistentes en precios regulados y servicios intensivos en mano de obra.
Brechas
El informe del Dane también mostró diferencias relevantes por ciudades. La inflación anual de diciembre de 2025 osciló entre 3,49 por ciento (Valledupar), la más baja y 5,78 por ciento (Bucaramanga) la más elevada, según el dominio geográfico, reflejando realidades muy distintas en el costo de vida entre regiones.
Estas brechas estuvieron asociadas, principalmente, al comportamiento de los arriendos, los servicios públicos y las comidas fuera del hogar, rubros que no impactan de la misma forma a todas las ciudades y dependen de dinámicas locales de oferta, demanda y regulación.
Por niveles de ingreso, la inflación tampoco fue homogénea. Los hogares de ingresos altos cerraron 2025 con una inflación anual de 5,17 por ciento, mientras que la clase media registró 5,11 por ciento. En ambos casos, el impacto estuvo asociado a servicios, educación, salud y gastos en restaurantes.
Para los hogares vulnerables y pobres, la inflación anual fue menor, de 4,97 por ciento, apoyada en una menor presión relativa de algunos alimentos y servicios. Sin embargo, estos hogares enfrentan un problema adicional: aunque la inflación es más baja en términos porcentuales, su capacidad de absorción es mucho menor, por lo que el impacto sobre el ingreso disponible sigue siendo significativo.
Para los hogares vulnerables y pobres, la inflación anual fue menor, de 4,97 por ciento. Foto:Archivo
El dato anual de 2025 confirmó que algunos alivios puntuales no lograron compensar las presiones estructurales. Aunque productos como papas, arroz y electricidad registraron contribuciones negativas a la inflación anual, estas caídas fueron insuficientes frente al peso de los arriendos y de los servicios.
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En particular, el arriendo imputado aportó 0,65 puntos porcentuales a la inflación total y el arriendo efectivo otros 0,49 puntos, lo que ratifica que el costo de la vivienda siguió siendo uno de los principales factores de presión sobre los hogares.
El informe mostró además que, pese a la moderación en algunos alimentos, el gasto cotidiano siguió encareciéndose por la vía de los servicios. Las comidas en establecimientos de servicio a la mesa y autoservicio aportaron 0,60 puntos porcentuales a la inflación anual, reflejando el impacto de mayores costos laborales, transporte e insumos. Este comportamiento explica por qué, aun con una inflación menor a la de 2024, el bolsillo de los hogares no sintió un alivio claro en 2025 y cerró el año con un nivel de precios todavía elevado y persistente.
El cierre de 2025 dejó a la inflación más de dos puntos porcentuales por encima de la meta del Banco de la República y en un contexto que anticipa nuevos retos. El aumento del salario mínimo del 23 por ciento, anunciado por el Presidente Gustavo Petro para 2026, refuerza las presiones sobre servicios, arriendos y precios indexados.
Con este panorama, el dato de inflación de 2025 no solo confirma un nuevo incumplimiento de la meta del Emisor, sino que también anticipa un arranque de 2026 con riesgos al alza, que en opinión de algunos analistas hace prever que la inflación podría volver de nuevo a los niveles de entre 6 y 7 por ciento observados a mediados del 2024.







