Economia
Colombia seguirá recibiendo dólares, pero a menor velocidad por endurecimiento migratorio y regulatorio

Las remesas, uno de los principales salvavidas económicos de millones de hogares colombianos, entran bajo un nuevo escenario de alerta. No se trata de una caída abrupta, pero sí de un punto de inflexión: el dinero seguirá llegando, aunque a menor velocidad, en medio de un endurecimiento migratorio en Estados Unidos y un entorno económico menos favorable, según lo revela un análisis del BBVA Research.
En ese escenario, Colombia aparece como uno de los países más expuestos —el 53 por ciento de las remesas que recibe vienen desde Estados Unidos—, pero también como uno de los más resilientes de la región.
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En 2024, las remesas representaron 2,8 por ciento del PIB, una proporción superior a la de Perú (1,7 por ciento) y muy por encima de Argentina (0,2 por ciento). En términos de exportaciones, el peso es aún mayor: más del 17 por ciento de las ventas externas del país provienen de estos flujos.
Ese punto de partida explica por qué cualquier ajuste en Estados Unidos (migratorio o regulatorio) se siente casi de inmediato en la economía colombiana, advierte el estudio.
El informe “Remesas a Argentina, Colombia y Perú: posible impacto de la política migratoria de EE. UU.”, elaborado por el equipo de BBVA Research, proyecta que las remesas hacia Colombia seguirán creciendo en dólares, pero con una desaceleración progresiva.
Será a un ritmo más moderado, con un aumento cercano al 13 por ciento en el periodo (2024-2026), impulsado tanto por Estados Unidos como por otros destinos como España y países de América Latina. Las proyecciones incorporan un mayor número de repatriaciones, un crecimiento más lento de la población migrante y un impacto persistente —aunque moderado— de las nuevas políticas migratorias.
En 2025, por ejemplo, se estima que el número de colombianos en Estados Unidos habría crecido apenas 2,6 por ciento, frente a tasas más altas en años recientes.
El punto de partida no es menor. En 2024, las remesas representaron cerca del 2,8 por ciento del PIB colombiano, una proporción superior a la de Perú (1,7 por ciento) y muy por encima de Argentina (0,2 por ciento). Solo México, con un peso cercano al 3,5 por ciento del PIB, supera a Colombia en dependencia macroeconómica de estos flujos.
Embajada de EE. UU. en Colombia. Foto:EL TIEMPO
Fenómeno migratorio
La advertencia central del informe es puntual: la migración colombiana no se revierte, pero sí se enfría. Hoy hay cerca de 3,7 millones de colombianos viviendo en el exterior, muchos de ellos con más de una década en Estados Unidos, alta inserción laboral y un fuerte arraigo: más de la mitad es propietaria de vivienda.
Ese perfil explica la resiliencia de las remesas, incluso en escenarios adversos. Sin embargo, también revela un límite: el gran salto ya se dio. A partir de ahora, el crecimiento dependerá más del ciclo económico estadounidense y menos de nuevas olas migratorias.
Ese perfil explica por qué, incluso con un discurso más duro en materia migratoria y un mayor control a ciertos canales de envío, no se espera una reversión de las remesas, sino una moderación en su crecimiento. La migración colombiana no es coyuntural ni reciente; responde a razones estructurales como la búsqueda de mejores ingresos, seguridad y estabilidad, que siguen vigentes.
Cambio de tono
El cambio de tono en la política migratoria estadounidense introduce, sin embargo, un elemento de incertidumbre adicional. Las proyecciones consideran un aumento en las repatriaciones y una desaceleración en la llegada de nuevos migrantes, lo que reduce gradualmente el impulso de las remesas enviadas desde Estados Unidos.
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A esto se suma un ajuste regulatorio que entrará en vigor en 2026: un impuesto del 1 por ciento a ciertas transferencias físicas de remesas, como giros en efectivo. Aunque su impacto agregado sería limitado —pues no aplica a transferencias bancarias electrónicas—, sí podría encarecer el envío para los hogares más vulnerables y acelerar la migración hacia canales digitales y bancarizados.
En 2026 se cobrará impuesto del 1 % a transferencias físicas de remesas, como giros en efectivo. Foto:Sergio Acero. EL TIEMPO
En Colombia, este efecto sería parcialmente compensado por el crecimiento de remesas provenientes de otros países. De hecho, casi la mitad de los envíos ya no proviene de Estados Unidos, una diversificación que reduce el riesgo de choques concentrados en un solo origen, señala el BBVA Research.
El contraste con otros países de la región es clave. En Perú, las remesas también seguirán llegando, pero su peso en la economía tendería a bajar ligeramente en 2025, ante un crecimiento más lento de la migración y una mayor sensibilidad al ciclo económico estadounidense. En Argentina, en cambio, el impacto del nuevo entorno migratorio es marginal: las remesas son bajas, los migrantes tienen mayor inserción profesional y la recuperación económica local reduce la dependencia de estos recursos.
México, aunque no es el foco del análisis de la entidad, sigue siendo el gran referente regional: recibe cerca del 97 por ciento de sus remesas desde Estados Unidos, lo que lo hace más sensible a cualquier cambio drástico en la política migratoria, aunque su volumen absoluto sigue siendo el mayor de América Latina.
Remesas actúan como amortiguador social en un contexto de inflación elevada y crecimiento moderado. Foto:Carlos Arturo García M.
Ingresos clave
Más allá de la macroeconomía, el papel de las remesas en Colombia es esencial para el consumo de millones de hogares. Estos recursos financian alimentación, vivienda, educación y salud, y funcionan como un amortiguador social en un contexto de inflación elevada y crecimiento moderado.
Según el estudio, las remesas no desaparecerán ni colapsarán, pero el país entra en una etapa de menor dinamismo. El reto no será la caída, sino la adaptación a un entorno menos favorable, con más regulación, mayor competencia por el empleo migrante y un crecimiento más lento.
En ese nuevo equilibrio, Colombia seguirá destacándose en la región por el tamaño de su migración y la relevancia de las remesas. La pregunta ya no es si llegarán, sino a qué velocidad y desde dónde, y qué tan preparado está el país para depender menos de un flujo que, aunque robusto, ya no corre con la misma fuerza de años recientes.







