Economia
La caída de Nicolás Maduro reabre el debate sobre la izquierda y la relación de Colombia con Estados Unidos

En medio de la situación que vive Venezuela, luego de la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, el análisis empieza a girar en torno al futuro de las relaciones de Colombia con el régimen, en pleno año electoral.
En ese contexto, la Fundación Paz y Reconciliación (Pares) publicó el informe titulado ‘Los posibles escenarios de una transición en Venezuela’, en el que deja en evidencia que este nuevo panorama introduce un alto nivel de incertidumbre en la política colombiana, justo cuando el país entra en la recta final hacia las elecciones.
Colombia, señala el documento, ocupa una posición singular: es el país más directamente afectado por cualquier desenlace en Venezuela, en términos de seguridad, migración, economías ilegales y estabilidad territorial, pero al mismo tiempo uno de los más limitados en su capacidad de incidir en las decisiones estratégicas, hoy concentradas por el gobierno de Donald Trump.
El informe plantea que el Gobierno Petro enfrenta una tensión estructural entre sus principios políticos, sus intereses nacionales inmediatos y la nueva realidad geopolítica impuesta por la intervención estadounidense.
Desde el plano discursivo, señala, que el Ejecutivo ha condenado con claridad la operación militar de Estados Unidos, apelando a la defensa de la soberanía y del derecho internacional, una postura coherente con la tradición diplomática colombiana y con el discurso histórico del propio Petro. Sin embargo, esa posición normativa convive con una realidad estratégica incómoda: durante años, el territorio venezolano funcionó como retaguardia de grupos armados ilegales colombianos, y un eventual reordenamiento del poder en Caracas podría alterar de manera profunda ese equilibrio.
Desde la perspectiva electoral, Pares advierte que este escenario abre espacio para todos los sectores políticos. La oposición, en particular los sectores de derecha, ha interpretado la caída de Maduro como la confirmación de que el chavismo era un régimen criminal, y utiliza ese argumento para cuestionar la cercanía diplomática previa del Gobierno colombiano con Caracas.

En clave electoral, esta narrativa podría asociarse a la izquierda con un proyecto autoritario fracasado y debilitar la imagen de liderazgo internacional del presidente Petro.
Pero la izquierda tampoco enfrenta un escenario favorable. “Sectores progresistas y movimientos sociales presionan al Gobierno para adoptar una postura más confrontacional frente a Washington”, lo que expone las debilidades de los candidatos afines al Ejecutivo, obligados a equilibrar un discurso antiintervencionista con la necesidad de proyectar responsabilidad en materia de seguridad, estabilidad regional y relaciones internacionales ante un electorado más amplio.
En este contexto, Pares concluye que el Gobierno queda atrapado entre dos frentes: uno que le reprocha haber legitimado al chavismo y otro que le exige una posición más dura contra Estados Unidos.
Esta disyuntiva, en pleno año electoral, reduce los márgenes de maniobra del Ejecutivo y convierte la crisis venezolana en un factor de volatilidad política, susceptible de ser explotado en campaña por distintos actores, en un escenario donde la incertidumbre se perfila como la principal constante.

¿Qué tanto podría influir EE.UU.?
Aunque aún es prematuro hablar de ganadores o perdedores en este lado de la frontera, expertos coinciden en que la situación en Venezuela ya ofrece lecciones claras, tanto por la salida de Nicolás Maduro del poder como por la intervención directa de los Estados Unidos.
Para el analista internacional Alejo Vargas Velásquez, lo ocurrido en Venezuela debe leerse dentro de un marco más amplio de cambio en la política exterior estadounidense. “Más allá del caso venezolano, lo fundamental es que la nueva política exterior del gobierno de Donald Trump se basa en la idea de que la prioridad estratégica es el hemisferio occidental”, explica.
Según Vargas, esta visión se refleja en decisiones recientes y supone que Estados Unidos buscará asegurar, o impone, gobiernos alineados con sus intereses en toda la región. “ Por ello, dicen, es más importante para el gobierno Trump, Groenlandia, que el Donbas o Taiwan. Para ello, si es necesario, se activa el Comando Sur y el Comando Norte de las Fuerzas Armadas estadounidenses”, advierte.
Este viraje estratégico, señala el experto, tendrá efectos directos en el entorno político regional y, particularmente, en Colombia. “Sin duda, este nuevo enfoque de Washington tendrá impacto en las elecciones presidenciales y legislativas de este año”, afirma, al anticipar que la relación con Estados Unidos, la seguridad regional y la postura frente a Venezuela se convertirán en ejes centrales del debate electoral.
JOHANA LORDUY
Periodista de PORTAFOLIO







