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La cumbre de Trump y Putin en Alaska y el giro en la geoestrategia estadounidense

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El presidente Donald Trump se reúne con el presidente ruso Vladímir Putin, 15 de agosto de 2025, en la Base Conjunta Elmendorf-Richardson, Alaska [AP Photo/Julia Demaree Nikhinson]

Los jefes de todas las principales potencias europeas se dirigen hoy a Washington para mantener reuniones de emergencia con el presidente estadounidense Donald Trump y el presidente ucraniano Volodímir Zelenski, tras la cumbre de Trump con el presidente ruso Vladímir Putin en Alaska el viernes. Esa reunión, en la que Trump abrazó calurosamente a Putin y pidió una paz negociada en Ucrania, ha desencadenado una crisis política en toda Europa.

Viajarán a Washington el canciller alemán Friedrich Merz, el presidente francés Emmanuel Macron, el primer ministro británico Keir Starmer, el secretario general de la OTAN Mark Rutte, el presidente finlandés Alexander Stubb, la primera ministra italiana Giorgia Meloni y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Su objetivo es presentar un frente unido ante las consecuencias del giro de Trump en el apoyo de Estados Unidos a la guerra de Ucrania, con la esperanza de que puedan evitar que Trump finalice abruptamente toda su operación.

Antes de las conversaciones del lunes, el debate en los medios de comunicación y entre los funcionarios tanto de Estados Unidos como de Europa se centró en si algún acuerdo implicaría “garantías de seguridad” vinculantes para Ucrania y, al mismo tiempo, si obligaría a Ucrania a entregar territorio a Rusia. El domingo, el enviado especial de Estados Unidos, Steve Witkoff, dijo a CNN que por primera vez Rusia había acordado permitir que Estados Unidos y las potencias europeas extendieran una “protección similar al Artículo 5” a Ucrania, una referencia a la cláusula de defensa mutua de la OTAN.

Zelenski lo llamó “una decisión histórica”, escribiendo en X que las garantías deben proporcionar “protección en tierra, en el aire y en el mar” con la plena participación de Europa. Al mismo tiempo, sin embargo, Trump se ha distanciado de Ucrania y de las principales potencias europeas al respaldar la demanda de Putin de que Kiev ceda territorio, incluidas secciones de la región de Dombás que actualmente no están bajo control ruso.

Este posible giro había sido evidente durante algún tiempo. La cumbre de Alaska lo hizo oficial, y la reacción en las capitales europeas ha rayado en la histeria, aumentada por el hecho de que Ucrania ha sufrido una serie de derrotas militares. Independientemente de lo que declaren públicamente, la realidad es que, sin el respaldo de Estados Unidos, la guerra en Ucrania se vuelve insostenible. La alianza de la OTAN se ha mantenido unida hasta ahora por la feroz hostilidad de Washington hacia Rusia, una política encabezada por la Administración demócrata de Biden.

Trump, reviviendo la tradición ultraderechista de “Estados Unidos primero” de la era de la Segunda Guerra Mundial, representa a capas de la clase dominante estadounidense orientadas hacia la guerra en el Pacífico y la confrontación con China. Ha combinado esta perspectiva con medidas arancelarias y de guerra comercial dirigidas contra las potencias europeas. Para esta facción, la finalización del conflicto con Rusia en Ucrania ofrece ventajas potenciales: asegurar el acceso a recursos vitales en Rusia y Ucrania, aflojar la alineación de Moscú con Beijing y debilitar el imperialismo europeo.



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