Economia
“Colombia y el FMI: Revelaciones Clave desde el Análisis de Ricardo Ávila”

El firmamento estuvo claro y en las calles las temperaturas se mantuvieron por encima de lo habitual para esta época del año, pero en los salones donde ocurrieron las discusiones, el ambiente era otro. “Se sentía como si hubiera una nube muy oscura sobre nosotros”, expresó el viernes uno de los participantes en las reuniones de primavera convocadas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) en Washington.
No era para menos. El encuentro –que congregó a los representantes de 191 naciones que forman parte de las entidades mencionadas– tuvo lugar apenas tres semanas después del “día de la liberación”, ese 2 de abril en el cual Donald Trump anunció un aumento de aranceles sin precedentes contra los socios comerciales de los Estados Unidos.
Desde entonces, la agitación ha sido la característica dominante en los mercados. En lo que respecta a las principales bolsas, los precios de las acciones sufrieron una fuerte caída inicial, seguida de sucesivos altibajos en función de la noticia del momento. A pesar de que los mínimos de inicios del mes quedaron en el pasado, las pérdidas de valor se estiman en varios billones de dólares.
Simultáneamente, los precios de los productos básicos reflejan tanto el pesimismo como la incertidumbre. El petróleo continúa por debajo de los 70 dólares el barril ante la percepción de que la demanda global de crudo será menos robusta, mientras que la onza de oro –un activo que actúa como refugio en tiempos difíciles– alcanzó otro récord y llegó a los 3.500 dólares el martes.
Aún si en los días siguientes las cosas se apaciguaron un poco, la sensación de estar al borde del abismo persiste. Y la inestabilidad ya empieza a repercutir en la economía global.
Foto:OLIVIER DOULIERY
Transformación de escenario
Que las cosas han cambiado considerablemente desde inicios de 2025 es algo que resulta manifiesto cuando se revisan las proyecciones más recientes del FMI. Ahora el pronóstico de crecimiento para este año es del 2,8 por ciento, medio punto porcentual menos que el presentado en enero.
La reducción es generalizada para todas las naciones, pero se sentirá con mayor intensidad en ciertos lugares. En el caso estadounidense, la disminución es de 0,9 puntos porcentuales, lo cual deja en claro que la promesa hecha por la Casa Blanca respecto a una prosperidad sin precedentes se aleja de la realidad.
Muchos piensan que incluso la expectativa presentada es demasiado optimista. Varias entidades advierten sobre una recesión inminente en la nación del Tío Sam debido a problemas con el suministro adecuado de insumos para la industria y el comercio, los mayores precios de los productos importados y la caída en la disposición de gasto de los consumidores, que debería traducirse en un descenso en los gastos.
A esto se suma la amenaza de una inflación más elevada que, según varios analistas, se situaría cerca del 5 por ciento anual en el segundo semestre, el doble de la cifra actual. De ser así, la probabilidad de que el Banco de la Reserva Federal reduzca su tasa de interés disminuye, lo cual es una mala noticia para aquellos que esperan ver un alivio en sus créditos.
No faltaron en Washington quienes afirmaron que el Fondo Monetario habría moderado el diagnóstico para no provocar la ira de Trump. Es conocido que grupos de pensamiento de la derecha, como la Fundación Heritage, han planteado el retiro
de Estados Unidos del organismo.
A pesar de que el propio secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, desestimó esa eventualidad, hay críticas hacia la gestión del FMI. Según el funcionario, este “ha experimentado un desvío de su misión” y “dedica una cantidad excesiva de tiempo y recursos a abordar el cambio climático, las cuestiones de género y temas sociales”.
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De todos modos, no cabe duda de que la situación es seria. La causa principal es la guerra comercial que llevó las tarifas arancelarias estadounidenses a niveles no vistos en más de un siglo, así como las reacciones similares adoptadas por otras naciones.
Para aquellos que desean encontrar paralelismos con épocas pasadas, el Fondo enfatiza que el contexto es muy distinto. “A diferencia del siglo anterior, la economía global actualmente se caracteriza por un elevado nivel de integración económica y financiera, con cadenas de suministro y flujos financieros que atraviesan el planeta, y que, si se desintegran, podrían convertirse en una significativa fuente de inestabilidad”, afirma en su informe.
En este sentido, no faltará quien diga que las sanciones más severas están en suspenso durante, al menos, tres meses. La propuesta de la administración republicana es que en ese tiempo se alcanzarán acuerdos bilaterales con numerosas naciones con las cuales se está dialogando. También hay indicios conciliatorios hacia China que, eventualmente, podrían resultar en un entendimiento entre las dos grandes potencias mundiales.
No obstante, aun si todos decidieran retroceder y los aranceles volviesen al nivel que tenían a principios de enero, hay daños que parecen ser irreversibles. Quizás el más significativo sea la confianza en la palabra comprometida, un elemento fundamental tanto en las relaciones internacionales como en el desarrollo de los negocios.
Aunque intangible, la disminución de la credibilidad de Estados Unidos es de tal magnitud que provocará una redefinición de los vínculos comerciales, de inversión y diplomáticos forjados a lo largo de décadas. La impresión de que el espíritu de cooperación ha sido reemplazado por la ley del más fuerte funcionará como un lastre para la economía global en el futuro.
Dentro de las numerosas ramificaciones potenciales del nuevo orden mundial está el cuestionar la supremacía del dólar como la moneda de intercambio por excelencia y como el activo de reserva preferido. Muchas situaciones pueden presentarse, pero aun sin recurrir a los escenarios más sombríos, nadie –a excepción de los funcionarios de Trump que lo describen como una especie de genio estratégico– considera que se aproximan tiempos mejores.
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Los consejos
Es imposible determinar con exactitud dónde o cuándo ocurrirán las peores tormentas, pero ante el anuncio de que se aproxima una temporada de huracanes, lo lógico es tomar precauciones. El Fondo Monetario opina que los países “deben llevar a cabo acciones en los ámbitos de las políticas internas y los desequilibrios estructurales con el propósito de asegurar la estabilidad de sus economías”.
Más adelante, señala que “restablecer el espacio fiscal y situar la deuda pública en una trayectoria sostenible continúa siendo una prioridad crucial”. La inquietud de la entidad es que un entorno internacional más hostil haga mucho más complicado cumplir con las obligaciones públicas y privadas.
Habrá
que observar si esos enfoques fueron comprendidos por la delegación colombiana que se encontraba en Washington, liderada por el ministro de Hacienda, Germán Ávila. Informes del despacho lo muestran en encuentros con representantes de entidades como el Banco Mundial o la Corporación Financiera Internacional, antes de regresar a Bogotá el jueves, cuando las reuniones formales aún no habían finalizado.
Quienes siguen estos eventos estaban al tanto de que el aspecto más relevante del viaje era dialogar con los altos cargos del Fondo Monetario, con quienes la situación no es del todo favorable. La razón es que, a diferencia de lo que había sido habitual en el pasado, persisten interrogantes que no han sido resueltas satisfactoriamente.
Como todos los signatarios del acuerdo fundacional del organismo en su momento, Colombia es objeto anualmente de lo que se denomina la consulta del artículo IV. Este es un procedimiento en el cual varios expertos de la entidad visitan el país en febrero con el objetivo de evaluar la realidad macroeconómica, recolectan información y dialogan con las autoridades.
Después de plantear interrogantes y recibir aclaraciones, los especialistas generan un informe en el que presentan una serie de recomendaciones de política, el cual se publica, en nuestro caso, entre marzo y abril. El último paso consiste en que el documento se envía al directorio ejecutivo del FMI, que discute su contenido y ofrece sus impresiones, generalmente en mayo.
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No obstante, en esta ocasión, ese cronograma ha sufrido modificaciones. El pasado viernes 18, el FMI emitió un comunicado de prensa respecto a dos visitas realizadas a Bogotá por miembros de su personal especializado.
Más allá de un elogio inicial por la mejora en el ritmo de crecimiento y la reducción de la inflación, el pronunciamiento señala que “los déficits fiscales y la deuda pública han aumentado más de lo anticipado”. El texto admite que existe la intención de disminuir el elevado saldo negativo de las finanzas públicas y indica que “las autoridades están trabajando en las políticas que sustentan las mejoras esperadas en la recaudación tributaria, así como en los ajustes del gasto necesarios”.
El tono conciliador sobre el ambiente de diálogo hace que sea crucial leer entre líneas. Quienes entienden de estos asuntos destacan que, al final de la comunicación, se menciona que “la consulta del artículo IV continuará”. Eso, en términos prácticos, significa que el asunto no está cerrado y que ha tomado mucho más tiempo que en ocasiones anteriores. Podría parecer a simple vista que esto no es tan relevante. Al fin y al cabo, Colombia está en proceso de saldar la línea de crédito flexible que le fue otorgada por el Fondo y utilizada durante la pandemia, la cual estará saldada este año.
Sin embargo, aunque persista la intención de saldar deudas, existe un trasfondo que no es menor. Desde la creación del instrumento, el país ingresó a un selecto grupo de economías que podían acceder a esos recursos sin necesidad de un examen exhaustivo ni ser objeto de condicionamientos, algo muy diferente de lo que enfrentan naciones como Argentina.
Más que contar con un cupo preautoriza do, lo que realmente importaba era el sello de confianza respecto a la economía colombiana. Esta sirvió como carta de presentación a la hora de gestionar préstamos o captar inversiones, bajo el argumento de que, más allá de las dificultades, la administración seguía siendo responsable.
Sobre el papel, la buena calificación obtenida por última vez el año pasado se mantiene vigente hasta 2026, cuando regresará.a ser examinada. El problema radica en que las condiciones de la facilidad implican una revisión a mitad de camino que, a su vez, se encuentra vinculada al informe del artículo IV, como lo recordó ayer la representante del FMI, Julie Kozack, en una declaración oficial. Este debe manifestar de manera clara que Colombia posee un marco de política macroeconómica robusto.
Germán Ávila, titular de Hacienda. Foto:Milton Díaz. El Tiempo
Si esas afirmaciones no aparecen en el informe final, la nación no superará la evaluación y perderá el estatus alcanzado, lo cual hoy parece ineludible. Esto equivaldría a un descenso y confirmaría la creciente percepción de riesgo que reflejan los mercados de deuda y señalan las agencias calificadoras.
Es incuestionable que Colombia paga mucho más que sus similares en la región. Hace algunos días, el Ministerio de Hacienda resaltó la emisión de dos series de bonos globales a cinco y diez años de plazo, cada una por 1.900 millones de dólares, con un rendimiento de 7,5 y 8,75 por ciento anuales, respectivamente.
En comparación, el Banco de Desarrollo CAF acaba de asignar títulos que vencen en 2030 al 5 por ciento anual, y Perú recientemente ha vendido papeles con vencimiento en 2035, cuyo rendimiento es de 6,45 por ciento anual. Esto significa que los intereses que debemos abonar son 50 por ciento más altos que los que corresponden a la entidad de origen andino y 36 por ciento más costosos que los de nuestro vecino del sur.
Y esos márgenes no se reducirán, a menos que la administración Petro presente una estrategia creíble para organizar sus finanzas. Dado que el intento le costó el cargo al ahora exministro Diego Guevara, la posibilidad de progresos en este aspecto es escasa.
Así, el riesgo de caer en un ciclo vicioso de mayores déficits y crecientes necesidades de crédito para cubrir la falta es concreto. Esto, que sería preocupante en tiempos normales, ahora se torna realmente serio, ya que la cuenta por cobrar sigue en aumento en un mundo más adverso donde se aplica la máxima del ‘sálvese quien pueda’. Por tal razón, es necesario activar la alarma para que la Casa de Nariño comprenda que, al jugar con fuego, no está cometiendo un error, sino una irresponsabilidad.
RICARDO ÁVILA PINTO
Especial para EL TIEMPO
En X: @ravilapinto







