Economia
los países de ingresos bajos son los más afectados

Desde 2020, la inflación de los precios de los alimentos ha superado sistemáticamente la inflación general, y tan solo en enero de 2023, el alza de precios de la comida alcanzó un máximo del 13,6 por ciento, señaló el 22 de julio del año pasado la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés), durante una conferencia en Nueva York en la que se abordaron las causas, consecuencias y soluciones de esta inflación.
Si bien para 2024, la inflación de los alimentos había vuelto a los niveles previos a la pandemia de 2019, según la FAO hay efectos duraderos, pues después de cinco años los precios de los alimentos en todo el mundo han aumentado en más del 35 por ciento, mientras que los precios promedio en la economía han aumentado en un 25 por ciento.
Entre las causas del alza de precios, la organización habla de una combinación de factores globales como la pandemia de covid-19, la guerra en Ucrania y la presencia de fenómenos meteorológicos extremos, como las sequías o calores excesivos que se han visto en varias regiones.
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“Todos estos factores interrumpieron las cadenas de suministro e impulsaron el alza de los precios de los productos agrícolas. Estas perturbaciones se vieron agravadas por el aumento de los precios de la energía, el gasto fiscal expansivo y las políticas monetarias laxas, creando una situación propicia para la inflación alimentaria. En conjunto, estos factores afectaron significativamente tanto la oferta como la demanda de los mercados alimentarios”, sostuvo la FAO en un comunicado de prensa.
Además, esta situación tiene un impacto “desproporcionado” en los países de bajos ingresos, puesto que, si bien la inflación alimentaria media mundial pasó del 2,3 por ciento en diciembre de 2020 al 13,6 por ciento a principios de 2023, esta alcanzó un máximo del 30 por ciento en los países de bajos ingresos en mayo de 2023. Y en el punto álgido de la crisis, en enero de 2023, el 65 por ciento de los países de bajos ingresos experimentaron tasas de inflación alimentaria superiores al 10 por ciento, dijo esta entidad de la ONU.
Las consecuencias derivadas de un mayor costo de los alimentos se sienten en la dificultad para impulsar la seguridad alimentaria y la nutrición a nivel mundial, pues un aumento del 10 por ciento en los precios de los alimentos en países de bajos ingresos se asocia a un aumento del 3,5 por ciento en la inseguridad alimentaria y a un aumento del 1,8 por ciento en la proporción de personas que la padecen, sostuvo la ONU.
Para las Naciones Unidas también es preocupante que la caída de los precios mundiales de las materias primas no se ha traducido plenamente en una reducción de los precios para los consumidores en los países de bajos ingresos.
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REDACCIÓN DOMINGO







