Economia
Los pequeños negocios en Colombia ajustan sus decisiones tras el aumento del salario mínimo en 23 %

Suena una olla de presión; la licuadora tritura un puñado de hielo mezclado con una taza de Milo; el horno pita y una luz roja se enciende indicando que los roscones de bocadillo están listos. Entran y salen comensales. Es el panorama diario de una panadería de la localidad de Kennedy, en Bogotá. Al frente del negocio está una mujer. Cuando le pregunté sobre el aumento del salario mínimo y el impacto que sentirán, lo primero que dijo fue que la dueña no estaba.
“Ella toma las decisiones”, respondió la encargada. “Es la que paga los salarios mensuales o diarios y a los proveedores”. Esa mujer, que prefirió no ser contactada ni referirse al tema de coyuntura en su papel de microempresaria, desde ya estará haciendo cuentas para el ajuste económico que se le viene en este 2026, porque tienen al menos diez empleados.
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Parece que la dueña de la panadería también limita a sus trabajadores y la indicación es no conversar más de la cuenta con los clientes, porque la encargada acabó la charla con premura y se fue a servir un par de desayunos que hoy valen 13.000 pesos en combo, cuando vienen con huevos al gusto, café y un pan pequeño. Desde este enero el precio puede ser mayor o, en el mejor de los casos, mantenerse, pero nunca será menor.
Ahora suenan algunas canastas que caen al suelo y están repletas de fruta colorida, toda madura. Dos empleados de un líchigo, como popularmente se les conoce a las tiendas de frutas y verduras, están acomodando el plante del día. Hay naranjas, manzanas, uno que otro aguacate, bananos y cualquier otro alimento de temporada que da la tierra.
Javier Vega, dueño de Frutas Frescas de la Villa Foto:Miguel Castellanos
El dueño del negocio es Javier Vega. Hace poco más de una década abrió las puertas de Frutas Frescas de la Villa, en el occidente de la capital, un local comercial de unos siete metros de frente por 12 o 15 de profundidad. Está ubicado al lado de otro supermercado y una barbería.
“Ya estamos pensando en prescindir de un trabajador. Tenemos a cuatro, pero no vamos a poder cubrir los gastos de todos; va a estar difícil. Cada uno sale por más de tres millones de pesos con este aumento”, dijo Vega cuando se le preguntó qué opina del aumento del salario mínimo anunciado esta semana por el presidente Gustavo Petro.
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Algo similar ya está pensando Mario Ruiz. Este año él y su familia emprendieron en un local físico con su marca Envueltos en Amor, una empresa del típico envuelto de maíz. Cuenta que venden por lo menos seis variaciones del producto: con cuajada, bocadillo, queso, entre otros. Y de sus 18 empleados, en 2026 por lo menos uno se quedará sin empleo; en el peor de los casos serán dos o más. Apenas empezó a hacer las cuentas.
“Trabajamos en este punto físico hace seis meses. En las últimas semanas invertimos más de 100 millones de pesos para abrir otro local por la calle 134, en el norte de Bogotá. El aumento del salario mínimo nos toma por sorpresa porque no contábamos con que fuera tan alto. Tendremos que quedar con 17 empleados para 2026”, explicó Ruiz, advirtiendo que se siente sin respaldo del Gobierno, porque “hacer bien las cosas sale costoso para los que queremos hacer empresa”.
Envueltos En Amor, empresa de envueltos. Foto:@Envueltosenamor
Unas 12 horas después del anuncio del presidente Petro, el ministro del Interior, Armando Benedetti, aseguró que no creía que el salario mínimo empujara a la informalidad. “En los pequeños negocios, la panadería o el puesto familiar, quienes trabajan ahí también se benefician y no van a ser expulsados del empleo”.
Pero todo lo contrario creen Javier y Mario. El primero asegura que las compras no aumentarán a pesar de que los ciudadanos tengan más flujo de dinero, y el segundo cree que se le presentará un problema por el aumento de los costos de la materia prima y aspectos como los parafiscales.
“Sube el transporte, sube la gasolina, subirá la canasta familiar. ¿Dónde va a estar el beneficio que mencionan? Para poder ver la ganancia de la que hablan toca subirles a los productos. Por ejemplo, al que venga a comprar un gajo de cebolla que valía 500 pesos tocará cobrarle 800 pesos ahora”, dijo Vega.
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Así las cosas, agrega Javier, la premisa sobre el aumento de las compras o la dinamización de la economía no es tan cierta, porque el aumento en el costo de vida obligaría a los ciudadanos a priorizar los gastos y comprar únicamente lo necesario.
“Es una carga que nos coloca el Estado. Si nos ponemos a mirar la economía del país, desde que asumió el Gobierno actual se han enfocado solamente en hacer que la comunidad tribute”, mencionó, a su vez, Mario Gómez.
‘Ahora no sabemos de dónde vamos a sacar más plata para costear todo lo que conlleva esto’
A Paola Torres la noticia del aumento del salario mínimo la encontró detrás del mostrador de la miscelánea en la que trabaja, un negocio que ha sostenido durante cinco años y que hoy emplea a cinco personas. Entre tres y cuatro de ellas ganan el salario mínimo, una realidad que, tras el anuncio oficial, cambió de inmediato el panorama financiero del local. “Es una noticia muy fuerte porque nos coge de sorpresa a muchos”, afirma mientras sus ojos, inquietos, recorren la pantalla de su monitor.
Paola Torres, empleada en Autoservicio El Embajador Foto:Nicolás Sanín Franco
En el negocio se vende mecato, golosinas, bebidas y paquetes, productos de consumo diario que dependen del precio para mantenerse en rotación. Por eso, la preocupación no se limita al pago de la nómina. “El beneficio del alza no se verá reflejado porque todo subirá”, explica, al anticipar incrementos en los productos y ajustes por parte de los proveedores. Aún no ha definido decisiones concretas, pero su incómodo análisis ya comenzó.
“El aumento afectará para mal la demanda de nuestros productos”, advierte, mientras su respiración se agita, acomoda sus gafas y peina su cabello rojo al reconocer que los clientes no recibirán bien las nuevas alzas que ya tocan a su puerta. Absorber costos es arriesgado, pero trasladarlos, al final, podría implicar vender menos.
“El gobierno debería estar abierto a escuchar más a las personas que tienen sus negocios”, señala. Propone apoyos o subsidios que amortigüen el impacto, porque -insiste- “la idea no es recortar personal”. Hoy, la pregunta de este negocio se resume en que “ahora no sabemos de dónde vamos a sacar más plata para costear todo lo que conlleva esto”.
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22 años de esfuerzo: una madre enfrenta el reto de sostener a su personal
Madiris Morales recuerda sus inicios cocinando en su apartamento, cuando ser madre soltera y saber de cocina fueron el punto de partida de un emprendimiento que hoy cumple 22 años. Su restaurante de corrientazo, levantado paso a paso, emplea a siete personas, seis de ellas con salario mínimo. El anuncio del inesperado incremento cambió el ritmo de sus días. “El aumento del salario mínimo me dejó sorprendida”, dice.
“Sinceramente veo la situación muy complicada para sostener a mi personal”, afirma; en un negocio donde el margen es ajustado, donde se vive al diario y el cliente compara precios. La decisión inmediata, entonces, parece inevitable. “No tengo otra salida que aumentar el precio de mi producto, a mis almuerzos”, explica, con la esperanza de que sus clientes entiendan el motivo.
Morales conoce bien a quienes se sientan cada día en sus mesas, y por eso sabe que la situación es incierta. “El cliente también cuida su bolsillo”, señala, y anticipa que muchos buscarán el almuerzo más barato. “Hoy en día no hay nada económico y para uno trabajar es muy difícil”, dice, en referencia a los servicios públicos e insumos.
Las delicias de Chiqui lleva 22 años alimentando a las personas que viven y trabajan en la zona. Foto:Nicolás Sanín Franco
Para reducir gastos compra directamente en Corabastos; aun así, el balance sigue siendo ajustado. “Es muy difícil proveer en mi restaurante para conseguir algunas ganancias”. “El gobierno debería recapacitar un poco frente a este incremento”, dice mientras sus ojos cansados e inmensamente negros se humedecen poco a poco. Al momento, Madiris analiza la situación de cara a un cercano futuro y afirma que cada decisión cuenta para mantener a flote su “muy bendecido negocito”.







