Colombia
Testimonios de los venezolanos que cruzan la frontera en Cúcuta, en medio de la tensión tras la captura de Nicolás Maduro por EE.UU. UU.: ‘Hay zozobra’

Desde las primeras horas de la mañana, el puente internacional Simón Bolívar permanece custodiado por tres tanquetas del Ejército Nacional, varias patrullas de la Policía y funcionarios de Migración Colombia. El despliegue, visible del lado colombiano, en el sector de La Parada, no altera el flujo cotidiano.
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A pesar de las imágenes de tensión que circularon durante la madrugada desde Caracas, en la frontera la normalidad se impone temprano. Personas entrando y saliendo, motocicletas avanzando en fila y peatones cruzando a pie marcan una jornada que transcurre sin sobresaltos.
Así se ve la frontera entre Colombia y Venezuela en medio de la crisis. Foto:Andrés Carvajal. EL TIEMPO
En el centro del puente, justo en el límite fronterizo, dos uniformados de la Guardia Nacional Bolivariana observan el tránsito con aparente calma. La mayor parte del tiempo mantiene la mirada fija en sus teléfonos celulares, como si buscaran entender, en tiempo real, lo que ocurre en su propio país.
De manera esporádica, los uniformados detuvieron algunos vehículos que salen de Venezuela e ingresan a Colombia. Hacen preguntas breves y permiten continuar el paso. No hay tensión visible. Todo transcurre con una tranquilidad que contrasta con otras fechas, cuando el cierre de la frontera parecía una medida inminente.
Así se ve la frontera entre Colombia y Venezuela en medio de la crisis. Foto:Andrés Carvajal. EL TIEMPO
Fanny Bermúdez camina despacio. Tiene 67 años y avanza tomada del brazo de su esposo. No mires a los lados. Mira al frente, como si cruzar fuera una tarea que exige concentración. Cuenta que un familiar la llamó desde Caracas cuando todavía era madrugada y que desde entonces no pudo dormir. “La noche fue larga”, resume. En San Antonio del Táchira, dice, algunos negocios no abren. “Hay zozobra”, explica.
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Habla de sentimientos encontrados. De una alegría breve, casi culposa, y de una desconfianza que no se va. “Uno quiere una Venezuela libre, claro”, dice, pero enseguida aclara que le preocupa que “sean los civiles los que terminen pagando”. Sigue caminando. No se detiene. El puente no es un lugar para quedarse pensando demasiado.
Fanny Bermúdez, de 67 años, caminó con su esposo para llegar a Colombia desde Venezuela. Foto:Andrés Carvajal. EL TIEMPO
Unos metros más atrás va María José Saavedra. Viene desde Rubio, a dos horas de Cúcuta, con su esposo y su hija de siete años. Habla rápido, duda en dar tu opinión. Cuenta que los transportadores se resisten a salir a las carreteras del Táchira y que quienes lo hacen “duplican el valor del pasaje”. Dice que no están felices por lo ocurrido en Caracas. “Hay muchas vidas en peligro”, repite.
Lo que más le preocupa es no poder salir. “Teníamos miedo de que cerraran la frontera”, confiesa. Por eso cruza tan pronto puede. Dice que no hubo requisas, que nadie los detuvo, que el paso fue directo. Lo dice como quien agradece algo mínimo.
María José Saavedra cruza la frontera con Venezuela con su esposo y su hija de siete años. Foto:Andrés Carvajal. EL TIEMPO
Minutos después, una pareja camina de regreso a Colombia. El cansancio se les nota en el rostro. Él viajó desde el Valle del Cauca con su esposa para visitar a su familia en Venezuela, pero al llegar a las oficinas consulares no encontró a ningún funcionario. “No hay quien vende los pasaportes. Nadie da respuestas. Nos tocó regresarnos”, dice, con resignación.
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Se enteró de lo que ocurría en Caracas por llamadas y mensajes, como casi todos. La noticia le llegó por la voz de otros. Ahora busca pasajes para volver a Cali. Habla de su país con una mezcla de rabia y tristeza. “Si no se va toda la estructura del poder, esto va a seguir igual”, afirma, antes de seguir su camino hacia la terminal terrestre de Cúcuta.
Él viajó desde el Valle del Cauca con su esposa para visitar a su familia en Venezuela. Foto:Andrés Carvajal. EL TIEMPO
Alrededor, la gente sigue cruzando. Algunos entran, otros salen. Nadie corre. Nadie grita. La frontera se mueve con esa normalidad frágil que se aprende con los años. En el puente y sus alrededores no se discute de geopolítica ni de estrategias militares. Se camina. Se cruza. Se vuelve. El comercio sigue su curso cotidiano.
ANDRÉS CARVAJAL SUÁREZ
Para EL TIEMPO – Cúcuta







