Economia
1000 Demonios, el aguardiente premium colombiano que se lanza a conquistar nuevas categorías y países: así será la estrategia

Hace una década, cuando Mauricio Gutiérrez decidió dejar atrás una larga trayectoria en multinacionales de licores para aventurarse en el emprendimiento, el mercado del aguardiente colombiano parecía estancado en la tradición y poco dado a la innovación. Hoy, 1000 Demonios —la marca que cofundó con dos socios más— es en un caso emblemático de cómo reinterpretar un destilado histórico bajo estándares de calidad mundial, abrir espacios en mercados internacionales y, ahora, proyectarse hacia la creación de un portafolio de nuevos licores de raíz nacional.
“Siempre tuvimos una obsesión: que el aguardiente colombiano se volviera una bebida de clase mundial”, asegura Gutiérrez. Y lo dice desde la experiencia: desde 1999 se movió en el universo de los licores internacionales, especialmente en áreas de desarrollo e innovación, hasta conocer de cerca los procesos de elaboración en William Grant. Con esa base nació la idea: producir un aguardiente premium que recuperara el orgullo por la bebida más icónica del país.
LEA TAMBIÉN
El diagnóstico era claro. “El aguardiente tradicional terminó encajonado, sin innovación, mientras empezaban a llegar licores importados que conquistaban al consumidor. El problema estaba en el desempeño del líquido: era un destilado industrial que causaba malestar. A medida que uno crece, prefiere bebidas que lo traten mejor”, explica.
La respuesta fue técnica y conceptual: desarrollar un aguardiente triple destilado y triple filtrado —con carbón activo— que redujera la astringencia del alcohol; eliminar el anís, incorporar botánicos como jengibre, hinojo y cilantro, y crear un perfil aromático apto para coctelería. El objetivo: sacar el aguardiente del ritual del “shot obligatorio”. “Queríamos que la gente no hiciera caras de limón, sino caras de placer, que lo disfrutara”, resume.
Miguel Gutiérrez, socio fundador de la productora de aguardiente 1000 Demonios. Foto:1000 Demonios
El nombre también se convirtió en un relato distintivo. Proviene de un antiguo estanco clandestino bautizado “Mil demonios”, activo durante la prohibición decretada por la Corona española en 1793, cuenta Gutiérrez. Inspirados en esas recetas botánicas coloniales nació la marca que, diez años después, comercializa ya en Colombia, China, Australia, Alemania, Francia y Ecuador, además de estar presente en los duty free de los aeropuertos del país. China, reconoce el empresario, fue “una sorpresa enorme: nos fue muy bien”.
Posicionamiento de marca
Aunque la expansión internacional avanza, la prioridad sigue siendo local. “Queremos que nuestros embajadores naturales sean los colombianos”, señala. Esa estrategia se ha basado en una pedagogía intensa en bares, restaurantes y catas. “Cuando empezamos a hacer catas de aguardiente la gente decía que estábamos locos. Hoy salen fascinados al entender la historia y el proceso”, cuenta.
La competencia, eso sí, no ha sido menor. Las grandes licoreras departamentales acumulan más de un siglo de tradición y músculo financiero. “No tenemos la billetera más gruesa, pero sí creatividad y ganas de atrevernos”, afirma Gutiérrez, quien relata cómo el mayor impulso vino del consumidor final: el voz a voz que hizo que los compradores del canal Horeca (hoteles, restaurantes y cafeterías) empezaran a recibir llamadas preguntando por 1000 Demonios.
LEA TAMBIÉN

El monopolio rentístico
Además, el camino estuvo marcado por fuertes barreras regulatorias. Durante sus primeros años debieron enfrentar el monopolio rentístico departamental que restringía el ingreso de nuevas marcas. Hoy están en apenas ocho de los 32 departamentos del país. Sin embargo, la apertura del régimen —tras los recientes fallos de inconstitucionalidad en la comercialización de este tipo de licor— empieza a darles oxígeno.
En medio de ese complejo apetito de mercado, la marca también ha acumulado reconocimientos. En 2018 obtuvo doble medalla de plata —por líquido y empaque— en el San Francisco World Spirits Competition, una de las competencias más exigentes del sector. En 2022 alcanzó la medalla de oro, y desde entonces se ha mantenido con preseas de plata que, según Gutiérrez, confirman consistencia: “El líquido ha mejorado y se ha mantenido. La astringencia es mínima, casi no se siente el alcohol, es muy suave al paladar”.
El empaque también recibió premios: el Lápiz de Acero por su botella inspirada en los portones cartageneros —diseño desarrollado por el estudio I+D de Medellín— y el galardón EFI a la efectividad publicitaria, en la categoría “David vs Goliat”, por la campaña “La Guardiante”.
En 2018 obtuvo doble medalla de plata en el San Francisco World Spirits Competition. Foto:1000 demonios
Las cifras acompañan esos reconocimientos. En 2023 la empresa creció 334 por ciento, cerrando con ventas de 43.000 botellas. Para este año, en medio de un entorno retador, proyecta un crecimiento de entre 30 y 35 por ciento, con una meta de 55.000 a 60.000 botellas comercializadas. “No son cifras como las de las grandes marcas, pero son muy satisfactorias, sobre todo porque cada vez más gente nos pide por nombre propio”, resalta el emprendedor.
Aventura internacional
La próxima etapa es ambiciosa: la construcción de un portafolio de destilados hacia 2026. “Vendrán nuevas variantes de aguardiente, posiblemente un ron, y estamos explorando otros líquidos, siempre con ingredientes o historias colombianas”, adelanta. Todos los productos, insiste, conservarán una narrativa de origen país.
Si el impuesto sube demasiado, se empuja al consumidor al contrabando o a categorías más bajas. Eso afecta a toda la cadena: a la industria, al comercio y al mismo recaudo.
mauricio gutiérrezSocio fundador de 1000 Demonios
En paralelo, la expansión internacional tomará fuerza. España y Portugal aparecen como objetivos clave, al igual que la consolidación en China y Centroamérica. “Queremos salir a buscar distribuidores ya con una base sólida en Colombia”, explica.
Para afrontar ese reto la compañía está abierta a alianzas estratégicas en distribución, más que a una venta societaria directa. “Hemos crecido solos, sin inversión externa, pero ahora la clave es fortalecer la distribución”, reconoce.
El empaque recibió premios: el Lápiz de Acero por su botella inspirada en los portones cartageneros. Foto:Cortesía Mil Demonios
Los obstáculos no desaparecen. A los retos logísticos se suma la eventual reforma tributaria sobre bebidas alcohólicas. “Si el impuesto sube demasiado, se empuja al consumidor al contrabando o a categorías más bajas. Eso afecta a toda la cadena: a la industria, al comercio y al mismo recaudo”, advierte.
Con diez años de historia, reconocimiento global y una propuesta que combina tradición y vanguardia, 1000 Demonios se perfila como uno de los emprendimientos que están transformando la narrativa del aguardiente colombiano: de un licor relegado a los rituales del shot, a un destilado premium dispuesto a abrir nuevas rutas dentro y fuera del país, insiste el empresario.







