Economia
DANE confirma que más de la mitad de o

La informalidad laboral en Colombia continúa siendo la regla y no la excepción o por lo menos eso se observa en el reporte del trimestre móvil septiembre–noviembre de 2025, del Dane, según el cual, el 55,4% de la población ocupada se encontraba en condición de informalidad, un nivel que prácticamente no se movió frente al mismo periodo de 2024, cuando fue 55,3%; ratificando que el país sigue con más de la mitad de sus trabajadores fuera de la formalidad.
Más allá de la estabilidad del promedio nacional, el boletín deja ver que la informalidad sigue siendo un fenómeno estructural que se reproduce con fuerza en la economía cotidiana y que si bien se siguen creando puestos de trabajo, eso no siempre se traduce en ocupaciones formales.
Una de las lecturas más claras es que la informalidad no se reparte de manera homogénea en el territorio, sino que refleja una fractura profunda entre lo urbano y lo rural; ya que en las 13 ciudades y áreas metropolitanas, la proporción de ocupados informales fue 42,3% entre septiembre y noviembre de 2025, mientras que en las 23 ciudades y áreas metropolitanas llegó a 43,6%; cifras que aunque están por debajo del promedio nacional, siguen siendo elevadas.
Colombia lleva dos años sin grandes avances en materia de informalidad. Foto:Imagen generada con Inteligencia Artificial – ChatGPT
La informalidad es rural
El contraste más fuerte aparece en centros poblados y rural disperso, donde la informalidad escaló al 83,4%. En la práctica, esto significa que en las zonas no urbanas el empleo informal domina casi por completo la estructura laboral, lo que reafirma que el desafío no es solo de cantidad de empleo, sino de tipo de ocupación, productividad y acceso a protección social; al tiempo que sugiere que la formalidad sigue siendo principalmente un fenómeno urbano.
El boletín también muestra diferencias relevantes por sexo y en el total nacional, la informalidad fue más alta entre los hombres, con 57,8%, mientras que en las mujeres fue 51,9%. Frente al mismo período de 2024, los hombres registraron un aumento desde 56,9%, mientras las mujeres bajaron desde 53,1%, un movimiento leve que no cambia el hecho de que ambos grupos mantienen niveles altos y persistentes de informalidad.
Así mismo, cuando se aterriza la mirada en las 13 ciudades principales, la brecha de género se reduce y aparece un comportamiento más favorable. Allí, la informalidad masculina fue 43,4% y la femenina 41,0%, cifras que además caen frente al 42,4% registrado para ambos en el mismo trimestre de 2024.
Otro elemento que explica por qué el promedio nacional no despega es la dispersión regional dentro del entorno urbano; ya que entre las 23 ciudades y áreas metropolitanas, las mayores tasas de informalidad se observaron en Sincelejo con 67,1%, Valledupar con 65,4% y Cúcuta A.M. con 61,3%. Estas ciudades superan ampliamente el promedio nacional y reflejan mercados laborales con mayor precariedad y menor presencia de empleo formal sostenido.
Colombia lleva dos años sin grandes avances en materia de informalidad. Foto:Imagen generada con Inteligencia Artificial – ChatGPT
En el extremo opuesto, las menores tasas de informalidad se registraron en Bogotá D.C., con 35,3%, seguida por Manizales A.M. con 37,2% y Medellín A.M. con 37,8% y aunque estas cifras muestran un desempeño mejor, también recuerdan que incluso en las ciudades con menor informalidad, más de un tercio del empleo sigue siendo informal.
Informalidad en microempresas
El Dane también deja un mensaje contundente sobre el núcleo empresarial del empleo informal al señalar que en el total nacional, el 84,5% de los ocupados que trabajan en microempresas se encontraban en la informalidad entre septiembre y noviembre. En otras palabras, la microempresa aparece como el principal espacio donde se concentra la falta de formalización, un resultado consistente con una estructura productiva de baja escala y limitada capacidad de absorber costos laborales.
El contraste con empresas de mayor tamaño es enorme si se tiene en cuenta que en las empresas pequeñas la informalidad fue 21,9%, en las medianas 5,3% y en las grandes 2,2%. Dicho de forma simple, a medida que crece el tamaño empresarial, la probabilidad de estar en un trabajo informal cae drásticamente, reafirmando así que la formalidad está asociada a mayor organización productiva y a una capacidad más sólida de cumplir con aportes y protección social.
Por otra parte, en la variación anual, el informe muestra movimientos leves, pero reveladores; dado que en microempresas, el indicador apenas cambió, pasando de 84,6% a 84,5%, lo que confirma que allí la informalidad está prácticamente enquistada; mientras que en las empresas pequeñas, la informalidad subió de 20,9% a 21,9%; en medianas aumentó de 5,1% a 5,3% y en las grandes empresas, en cambio, bajó de 2,4% a 2,2%.
Colombia lleva dos años sin grandes avances en materia de informalidad. Foto:Archivo EL TIEMPO
De esta forma, el país se encamina hacia un cierre del 2025 sin mayores cambios en los dos últimos años en el tema y aunque al principio de la era Petro este indicador rondaba el 59%, desde el 2023 se estancó en el 55% y no se ha movido en los meses recientes.
Cabe recordar que bajo la metodología del Dane, se consideran informales, entre otros, a los empleados u obreros que no cuentan con cotizaciones a salud y pensión derivadas de su vínculo laboral, así como algunos trabajadores sin remuneración. Es por esto que, con estas cifras, el mensaje para el cierre de 2025 es que Colombia mantiene una informalidad alta y rígida, con mejoras limitadas y con brechas territoriales.
Finalmente, el boletín deja una advertencia implícita respecto a que reducir la informalidad no depende solo del ciclo económico, sino de transformaciones en la estructura productiva y empresarial; lo cual no es un asunto menor en tiempos en los que el mercado sigue de cerca el comportamiento de este indicador, así como el de desempleo, luego del aumento del 23,7% en el salario mínimo que decretó el gobierno Petro para 2026.
Las brechas de género son persistentes también en el mercado laboral y la informalidad. Foto:Imagen de ChatGPT
Que el país está generando empleo es una verdad que no se puede negar, pero también lo es que estos nuevos puestos de trabajo no se traducen necesariamente en una mejor calidad de vida para quienes acceden a ellos, más aún cuando el trabajo por cuenta propia es uno de los motores del empleo en la actualidad.
DANIEL HERNÁNDEZ NARANJO
Periodista de Portafolio







